Estas frente a una casa abandonada.

Notas: Este microcuento en ninguna manera o forma  me representa como persona, estos son personajes que no están conectados a mí , yo no soy ellos, de ninguna manera. Hay que entender que Stephen King escribe sobre asesinatos y las cosas más oscuras que puede uno imaginar. Pero él no es un asesino y es un sol de persona.

Estas frente a una casa abandonada.

 

Miras el árbol, que siempre estuvo allí, pero ahora te da una sensación extraña que no puedes comprender. Una de las ramas esta quebrada, como si alguien se hubiera sentado sobre ella, pensando que era fuerte, pero se había equivocado.

Bajas tu mirada de la rama, tus ojos llevándote a la casa de tus padres. Sigue igual que como la recuerdas, pero al mismo tiempo tan distinta. La pintura gastada, ventanas caídas, telas mosquiteras cortadas. La puerta abierta. Habías escuchado rumores de que los vagabundos de la cuadra usaban tu viejo hogar como escondite para clavar agujas en sus brazos. Pero no pensaste que fuera real.

Que tonta sos.

Das un par de pasos hacia adelante, cruzando el cordón de la calle, hasta llegar al medio de la misma. La casa parece más grande ahora, puedes ver a las cucarachas escapando por la puerta principal. Ni ellas quieren estar allí, ¿Qué haces tú aquí?

¿Qué haces tú aquí?

La respuesta te da más miedo así que sigues caminando hacia adelante, ahora los pasos mas firmes, subes las escaleras de madera que gritan al sentir el peso de tus pies, hasta llegar al porche. Te das cuenta que mataste un par de cucarachas, pero las corres con tus pies hacia un costado, sintiendo el asco recorrer tu garganta al ver el líquido que ellas llevaban adentro manchar tus zapatos.

Limpiando tus zapatos con el piso de madera, caminas hacia la puerta y la abres, al hacerlo te das cuenta que un líquido rojo queda marcado en tu mano cuando sueltas el pomo de la misma, pero cuando ves el pomo no hay nada allí. Y cuando vuelves tu vista a tu mano, no hay nada.

Pestañeas un par de veces.

No viste nada. No viste nada.

Adentro, la decepción entre tus recuerdos y la realidad te abruma. Lo que antes había sido un cálido hogar, ahora es un basurero abandonado. Las paredes tienen groserías escritas, las escaleras algunos peldaños rotos, y hay platos rotos en el pasillo que lleva a la cocina. A tu izquierda la salita esta completamente vacía, salvo por la tele con dos antenas largas.

Las tres opciones te abruman.

Subir las escaleras, ir a la cocina, o ir a la sala.

En medio de tus pensamientos, notas que en el techo hay una frase escrita con lo que parece ser marcador rojo.

NOHAYESCAPENOHAYESCAPENOHAYESCAPE.

Una gota cae en tu ojo, todo se vuelve borroso y oscuro, tu mano toca el glóbulo de tu ojo, acariciándolo, cuando te agachas a ver…sangre.

Horrorizada, corres escaleras arriba, sintiendo que cada escalón que subes puede hacerte caer al vacío, pero sigues hasta llegar al segundo piso. Solo una habitación esta intacta, lo cual te hace fruncir el ceño. La habitación de tus padres y la tuya  están vacías, como si hubieran robado todo. Pero, la última…que no reconoces…esta…

Una niña, es la habitación de un bebé. La cuna blanca tiene un tul rosa sobre la misma. Las paredes están empapeladas con dibujos infantiles, hay repisas llenas de pañales, juguetes y toallitas desinfectantes.

Caminas dentro de la habitación, cada cosa que vez te da un retorcijón en el estómago. Asco, puro asco sientes, pero no entiendes porque. Piensas que quizás es porque alguien más habito tu casa luego de que tú y tus padres se mudaran, pero no es así. Sabes que es mentira.

La risa de un bebé te hace voltearte de golpe, pero en cuanto lo haces, das un paso hacia atrás. Hay un bebé en la cuna, sus ojos azules gigantes te miran con firmeza. La niña estira sus manos como si quisiera atraparte, pero el peso de su cabeza no se lo permite. Hipnotizada, caminas hacia la cuna, pero en cuanto corres el tul solo hay sangre, sueltas el tul el cual tiene manchas del líquido rojo.

La sensación de asco desaparece, siendo reemplazado por algo que no comprendes. Sonríes.

El sonido de la tele encendiéndose hace que gires la cabeza hacia el pasillo.

Hay alguien en casa.

Hay alguien en casa.

¿Cómo?

Se supone que estaría sola aquí todo el día.

Con tu mente perdida en un mar de pensamientos sales de la habitación, y bajas las escaleras con cuidado de no tropezar con los escalones rotos. Entras a la sala, efectivamente la tele esta encendida. El sonido de la estática  es demasiado alta haciendo que tu cerebro tiemble dentro de tu cabeza.

Te agachas a apagar la tele, pero en cuanto tocas la perilla la estática se va. Puedes ver la imagen de alguien parado frente a la puerta. Una muchacha, cabello rubio y ojos azules, tan grandes como dos lunas, que te miran a través de la pantalla.

La extraña abre la puerta luego de lo que parece una eternidad, decidida camina escaleras arriba, te giras para llegar a verla subiendo el primer escalón. Te levantas del suelo y en una corrida llegas hasta las escaleras.

—¡Vete! ¡Esta es mi casa! —Gritas, pero es inútil, ella sigue subiendo las escaleras, y cuando llega al segundo piso, seguida de ti, entra a la habitación de la bebé.

La sigues, ves como camina hacia la cuna, la bebe ríe al verla.

Siempre lo supiste, ¿No?

Quien otra vez estira sus brazos , como si la conociera de toda la vida.

Y no hiciste nada para evitarlo…

La extraña también sonríe, pero del bolsillo de su jean saca un bisturí.

No puedes ver.

No puedes ver.

Cierras tus ojos.

Los chillidos, hacen que tus oídos sangren. Parecen no tener fin, la bebé esta gritando desde el fondo de sus pulmones, lloras, al no poder moverte de tu lugar aunque sea para callarla.

Pero entonces, el sonido para.

Abres tus ojos, y estas enfrente de la cuna. El cadáver de la bebé abierto desde la garganta hasta debajo de su estómago. Sus pequeños órganos desparramados por el colchón de la cuna.

En tu mano, el peso del bisturí parece una tonelada.

 

 

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