Lo que está mal conmigo.

 

Hola, mi nombre es María Florencia Ardiles Sáez, nací el  26 de marzo de 1997 en la ciudad de San Miguel de Tucumán, Argentina. Los primeros años de mi vida, según los videos que grabo mi mamá parezco una beba normal. Llena de risas, gordura y unos ojos demasiado grandes para mi rostro.

Creo que mi lado problemático empieza a la edad que tomo conciencia que hay otros niños, que tengo que relacionarme con ellos. Por algún motivo siempre fui muy tímida, me asustaba hablarles, y sabía que había algo malo en mí.

Nunca, ni siquiera ahora sé que es “eso”. Solo sé que no soy como los demás. Soy diferente.

Y ellos parecían oler mi miedo a kilómetros de distancia. Esta dificultad para relacionarme me acompaño toda mi vida, pero se volvió un problema en mi adolescencia. Mientras las demás niñas tenían sus primeros besos, sus primeras experiencias sexuales con el sexo opuesto yo me la pasaba leyendo. Mientras ellos se juntaban a  tomar una coca a la salida del colegio, yo estaba en casa. No porque no me dejaran. Mis padres siempre fueron permisivos en ese sentido. Yo no quería.

En el colegio hablaban toda la semana de lo que habían hecho el fin de semana, así me quedaba cada vez más atrás en la parte social. Me molestaban por no salir con ellos, y por otros motivos, que no voy a contar. Si hubiéramos jugado a la tonta del medio, yo era la tonta.

Sufrí bastante toda esa etapa, y cuando llego la universidad fue lo mismo. Sumado a mi incapacidad de concentrarme y estudiar debido a mis fantasmas del pasado.

Así que abandone la facultad, y hasta ahora no encuentro una carrera que pueda enfrentar. Porque tengo miedo de fallar, tengo miedo de  ser víctima de bullying de vuelta. Porque sé que no soy como los demás, no puedo funcionar como un ser humano normal. Y me duele.

Eso no es todo, desde los quince años hasta los 19 me cortaba, nunca nadie se dio cuenta hasta que lo dije o  hice mis marcas en lugares visibles.  Y varias veces considere terminar con mi vida.

Se lo que están pensando, mi madre acaba de decírmelo. Tantas personas mueren porque son asesinadas por otros, y yo no aprecio mi vida. Alguien de mi familia murió, fue asesinado. Y yo…

No aprecio mi  vida.

No veo el dolor que le causaría mi muerte a los que me rodean.

Pero ustedes no están entendiendo algo, todos los días me despierto con un demonio en mi mente. Puedo sentirlo, latiendo, diciendo mí nombre, riéndose de mí. No, no escucho voces. Ese demonio es mi propia consciencia.

Que me dice la verdad, que no sirvo, que no hago nada bien, que todo dentro de mí y fuera de mí está mal. Que no soy normal, que no encajo, que debería estar muerta. Yo soy la que debería estar muerta.

Porque no soy normal.

Porque no puedo funcionar en esta sociedad.

No sé qué está mal en mí, sé que estoy enferma, sé que necesito terapia. Pero no hay pastilla que le corte la voz mis demonios, no hay deporte que me llene y no hay caricia que me satisfaga.

No puedo relacionarme correctamente con nadie. Todos hablan un idioma distinto al mío. No hay nadie que me acompañe en esta vida.

Hay algo malo en mí, no sé qué es. Pero estoy segura, al menos esta noche, que va matarme. Quizás no hoy, quizás no mañana, ni en una semana. Pero me va a matar.

No es culpa de nadie, crecí en una familia típica , mis padres siempre fueron amorosos y  esto que me pasa les duele. Sobre todo a mi mamá, puedo ver el cansancio en sus ojos, que no sabe qué hacer para curarme. Y yo tampoco sé cuál es la respuesta.

Cada vez nos estamos peleando más. Esto no solo me está matando a mí, está chupándole la vida a todos los que me rodean.

No sé qué hacer.

Porque no sé qué es lo que está mal conmigo.

Es más profundo que simplemente decir “¡Ja! Tiene depresión” O cualquier etiqueta que quieran pegarme.

Yo ya no sé qué hacer.

Nadie sabe qué hacer conmigo.

Tírenme a un basurero como una muñeca rota, sáquenme las baterías de la espalda, y arránquenme los ojos de sus cuencas.

Esta noche siento que la última parte, el ínfimo destello que me hacía sentirme humana, murió.

 

 

5 respuestas a “Lo que está mal conmigo.

  1. Lo importante siempre será aceptar el derecho que tienes de sentirte así. No todo es deber y por ende, no debes de sentirte obligada a no apreciar los malos pensamientos que puedas sentir. Recuerda que siempre es bueno analizarlos y comprenderlos. Una vez lo haces, el siguiente paso será tratar de refugiarte en ayuda. Pero no te limites a siempre sonreír.

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