Me estoy muriendo.

 

Me desprendo el corpiño antes de seguir escribiendo, porque este es un tema serio, y tengo que tocarlo  desde un metro de distancia. Quizás sea la entrada más honesta que verán en este blog .

Siento como mi cerebro se va pudriendo poco a poco, y no sé qué hacer.

No, no tengo una enfermedad física. Es mi alma y mi cerebro los que están mal, y se llama depresión.

En momentos desesperados como este siento la estúpida necesidad de hablar con el único chico que creo que me amo un poco, y de hablar con mi ex mejor amiga, aunque sé que ambos no quieren verme en lo más mínimo.

Pero aquí estoy, frente a la computadora, aguantándome las ganas de llorar a gritos, porque mi cerebro se está pudriendo y no sé qué hacer. Estoy totalmente perdida.

Y lo peor de todo, es que sé que soy la única que puede salvarme de esta muerte lenta, que se está llevando toda mi felicidad, nadie más que yo tiene el poder de romper este hechizo.

Pero quiero que alguien más me salve, quiero mi príncipe, quiero a mi mamá, quiero a mi mejor amiga, que alguno de ellos toque mi cabeza y mágicamente todos mis problemas desaparezcan. Porque estoy cansada, y siento que me estoy muriendo. No sé cómo levantarme, no sé cómo caminar, no sé cómo gritar por ayuda.

¿Por qué estoy muriendo? ¿Por qué mi cerebro se está pudriendo?

Siento que estoy en el peor momento de mi vida, nunca caí tan bajo, nunca me sentí tan sola, y nunca me sentí tan vacía. Las cosas que antes me daban placer, a pesar de mi depresión , ya no funcionan. No me hacen feliz. Ya no siento nada, y eso me está matando, porque sé que esto ya se está volviendo peligroso. Estoy caminando por el filo de un cuchillo que no tiene un final feliz, porque las ideas suicidas están regresando poco a poco.

Cuando hablo con mi mamá no puedo mantener la conversación porque no siento nada, porque ya no puedo fingir que estoy bien, mis mentiras ya no están funcionando. La compañía de los demás no me llena, porque sé que soy simple copia mal hecha de un ser humano.

No se cómo volver a sentir. No sé cómo volver a hablar. No sé cómo volver a vivir. Mi cerebro olvido como realizar todas esas acciones.

Solo sé que me estoy muriendo, que esta no soy yo. Y no tengo fuerzas para seguir.

Ni siquiera puedo cortarme como hacía antes para sentirme un poco viva, porque sé que eso ya no funciona, ni eso me hace sentir, ni eso me da dopaminas ya. Tampoco quiero volver a intentarlo, paso bastante tiempo  ya desde la última vez, y me jure no volver a hacerlo.

Estaba hablando con mi mamá en un bar, aguantando las ganas de largarme a llorar enfrente de todos.  Las soluciones que ella me daba, que sé que me ayudarían, no sonaban posibles para mí.

Salir a caminar a la mañana.

Volver al gimnasio.

Conseguir un trabajo.

Porque no sé si esto tiene solución, no sé si esto que me está pasando tiene un escape, una salida alternativa  a la que todos ya suponemos.

Me siento sola, por primera vez en mi vida mi soledad me pesa una tonelada. No tengo amigos, no tengo a quien contarle nada personal. Solo tengo a mi mamá, pero no puedo contarle como me siento, sé que lo entendería, pero se llevaría una parte de su corazón y mente en el proceso. Ya tome demasiado de ella.

Y como dije antes, no sé cómo relacionarme con otros.

Siento que cada día un parte de mi cerebro se muere, primero dejo de sentir, luego dejo de hablar, dejo de moverme y finalmente muerte cerebral ¿Qué va a quedar de mí?

Mi alma, pensaran, Dios siempre estará conmigo en todo, pero siento que ni siquiera él está a mi lado. Por eso no quise confesarme la semana pasada, creo en él, pero sé que no está a mi lado, no lo siento. Perdí contacto con toda persona espiritual y física. Siento que no tengo alma, que estoy solo  por ocupar un lugar en el espacio. Soy una flor, bonita pero de plástico, linda para adornar la casa, pero no tengo olor, mis pétalos son una textura áspera. Nadie se relaciona conmigo, y yo no les transmito nada.

Nada.

No soy nada.

Quizás ya estoy muerta  y no lo sé.

No sé qué hacer, me estoy muriendo y no sé qué hacer.

Florencia Saez.

Mi Twitter: @florsaezescribe .

Mi Instagram : @florenciasaezisapotato  .

12 comentarios sobre “Me estoy muriendo.

  1. -Tema complicado el de tu post/

    Sí, todos nos estamos muriendo…
    y de vez en cuando aparece una especie de -vacío raro- que no se llena con nada.
    Y entonces escribimos, salimos a pasear…
    a contemplar la naturaleza y el mundo/
    a sentirnos parte de ella.

    No hay que pensar demasiado -en nada- cuando se atraviesa un mal momento…
    el tiempo se encargará de corregirlo.
    Son huecos, gajes del oficio…
    Todo es más sencillo de lo que parece/

    Saludos!! Florencia y…
    Cuídate buena.

    Lucio

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  2. Cuando nos sentimos así, cuando ya no encontramos argumentos en nosotros mismos, no debemos ni podemos aislarnos, tenemos que dejar de fingir ante los que nos aman, reconocerlo y decirlo, dejarnos ayudar, y si bien es cierto, solo salimos de ese estado que nos consume por decisión propia, necesitamos una mano en quien apoyarnos, que nos sostenga en nuestra debilidad, que nos proteja de nuestra fragilidad espiritual, que nos abrace en nuestra infinita tristeza, que nos rescate de la indiferencia que nos consume. Reconocerlo es un gran paso, decirlo y dejar de fingir es el segundo, no hay nada malo en nosostros, es el entorno que a veces nos puede…

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  3. ¿Quién no ha tenido un momento de bajón? Sea de la naturaleza que sea. Emocional, económico, etc. Lo que nunca debes hacer es esconder la cabeza. Has de afrontarlo porque todo en esta vida tiene solución, menos una cosa. Hacer cualquier actividad y si no eres capaz, entiendo que todas las personas no somos iguales, acudir a la ayuda de un profesional. Solo tú tienes la clave y ese Dios al que acudes y que siempre está aunque no le veamos, ni escuchemos, nos dirá, seguro, el camino a tomar. Como dice Lucio todo es más sencillo, créeme. Un saludo con cariño.

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  4. Hola, Florencia. Todas esas cosas que te recomienda tu mamá (con mucho cariño, seguramente) no tienen mayor efecto, porque estás atravesando una racha dura de depresión. Funcionan, sí, pero cuando la depresión está en “niveles manejables”. Es parte de la enfermedad, tiene picos altos, eso ya lo debes saber tú. Lo único que me queda es aconsejarte que vayas en busca de un psiquiatra, cariño, para que te pueda recetar los benditos antidepresivos. Eso hasta que las cosas vuelvan a retornar a su cause y puedas volver a prescindir de ellos (si es que así tú lo deseas). O, puedes probar a ser paciente y esperar que baje por sí sola, pero la verdad es que no sé cuánto te tarde eso y la solución más inmediata y efectiva es el antidepresivo. Esa cosa hace magia, ya lo verás.
    Mis mejores deseos para ti. Un abrazo 🙂

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  5. bueno.ciertoque eltiempo eselmedio. Perdón. No sirva quizá. La leyenda del Rey:

    “Acabo de traer un gran anillo de mi última conquista”, dijo el monarca. “Es muy valioso y además me ofrece la posibilidad de que puedo guardar algo aún más valioso en su interior. Necesito que ustedes, al final del día, me entreguen una frase que sea la más sabia que algún mortal haya escuchado jamás. Quiero que lleguen a una conclusión y luego la escriban en un papel diminuto. Entonces, yo guardaré esa frase en mi anillo. Si algún día el infortunio permitiera que me encuentre en medio de una crisis, abriré mi anillo y estoy seguro de que la frase me ayudará en el peor momento de mi vida.”

    Así que los sabios pasaron el resto del día debatiendo cuál sería esa frase que resumiría toda la sabiduría que ningún humano había oído jamás. Cuando cayó la noche, uno de los eruditos se acercó al rey y le dijo: “Aquí está, su majestad”. El monarca guardó el papel en su anillo y se olvidó del tema. A los pocos años, el reino fue saqueado por los enemigos y el palacio reducido a escombros. El rey logró escapar entre las sombras y se ocultó detrás de unas rocas, en las afueras de su devastada corte. Allí, observando un precipicio, consideró la posibilidad de quitarse la vida arrojándose al vacío antes de caer en manos enemigas. Entonces recordó que todavía conservaba el anillo y decidió abrirlo, desenroscó el diminuto papel y leyó: “Esto también pasará”. El rey sonrió y cobró ánimo para ocultarse hasta que ya no corriera peligro.

    La leyenda dice que veinte años después el rey había recuperado todo su esplendor a fuerza de nuevas batallas y conquistas. El trago amargo había quedado atrás, y ahora regresaba triunfante de la guerra en medio de los vítores y aplausos de una multitud que no dejaba de ovacionarlo. Uno de los antiguos sabios que caminaba al lado del carruaje real, ya anciano, le susurró al rey: “Su majestad, creo que hoy también debería volver a mirar el interior de su anillo”. Él replicó: “¿Ahora? ¿Para qué habría de hacerlo? No estoy en medio de una crisis, sino todo lo contrario”. Mas esa frase no solo fue escrita para los momentos difíciles, sino también para cuando creyera que todo lo bueno iba perdurar toda la eternidad.

    Así es que el rey en medio de los aplausos abrió el anillo y volvió a leer: “Esto también pasará”. Y descubrió en ese mismo instante que sentía la misma paz que tuvo cuando estaba a punto de quitarse la vida. El mismo sosiego lo invadió por completo. Aquel día descubrió que la frase que los sabios le habían entregado era para leerla en las derrotas y las victoria.

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