Writing about you : Capítulo ocho.

 

Todos sus compañeros de trabajo estaban parados a su alrededor, en un círculo, parecían gigantes, a penas podía distinguir sus rostros. Pero por algún motivo sus voces sonaban claras como si estuvieran a su misma altura.

—¡Puta!

—¡Prostituta!

—¡Te entregaste por dinero!

—¡Sin vergüenza!

Ella entre lágrimas grito :—¡Juro que soy virgen!

Entonces despertó, estaba en el auto de Peter, él la miraba con los ojos como platos.

“Oh, creo que dije eso en voz alta.” Pensó avergonzada la chica, sintiendo como su rostro se enrojecía.

—¿Eres virgen por elección o…?—Preguntó el chico entre medio de carraspeos, evitando mirarla a los ojos.

—Em, hubo ofrecimientos, pero yo, es decir…

—No tienes que aclararlo—Dijo él avergonzado de su pregunta, encendió el auto tratando de distraerse pero ella respondió su pregunta.

—Mis padres me hicieron creer en el amor verdadero, y que el sexo  es una forma de expresar amor. No algo que se hace solo por placer físico. Sé que es tonto, que el sexo puede ser divertido, pero no creo ser capaz de hacerlo con un desconocido—Todo esto lo dijo mirando a través de la ventanilla del auto, viendo como mujeres, hombres y niños caminaban por la acera despreocupados. Ella se sentía a kilómetros de distancia de ellos.

—Eso es un hermoso pensamiento—Dijo el chico mirándola con una sonrisa amable.

Ella se giró a verle antes de preguntarle :—¿Tu eres virgen?

—No, perdí mi virginidad a los 16 con mi primera novia, estaba borracho , a penas recuerdo la mitad de lo que sucedió.

Valeria no dijo nada, al notar su incomodidad él tomo su mano y dijo :—Eso no significa que piense que todos deberían hacer lo mismo que yo, no me avergüenza haber perdido mi virginidad y no recordarlo, y a ti no debería avergonzarte  no  haber hecho lo mismo que yo. Cada uno elige su camino.

—Tienes razón—Dijo ella, posando su otra mano sobre la de él.

—Okay, creo que es hora de que tomemos un café así te despiertes, ¿Qué te parece?—Dijo él terminando el contacto para empezar a manejar por las calles, ella susurro un simple sí.

Pero entonces recordó porque Peter la había venido a buscar en un primer lugar y sintió como la bronca recorría su cuerpo.

—No puedo creer que Franco mintiera sobre eso, ahora todos piensan que soy una puta.

—No debería importarte lo que piensen los demás, tú sabes lo que hiciste o no hiciste, eso es lo que importa. Además, yo te creo, no servirá de mucho pero lo hago—Dijo él girándose un segundo para mirarla con firmeza un segundo.

—Gracias, Peter, por todo.

—No tienes que agradecer nada.

—No, me buscaste cuando te pedí que vinieras, no cualquiera lo haría.

El joven  no dijo nada, solo sostuvo la mano de la chica mientras manejaba.

**

Para su sorpresa, Peter Oro la llevo a una librería. Estaba casi vacía, los pisos alfombrados perfectamente limpios,  los libreros organizados según género y al final un barcito .

Caminaron hasta el bar, ella se sentó mientras Peter hacia el pedido, pero antes de volver a la mesa, el rubio tomo un libro de uno de los libreros.

Se sentó enfrente de ella y le paso el libro.

—Romeo y Julieta—Leyó ella en voz alta. Sintió un calor expandirse por su pecho, ese era su libro favorito, ¿Cómo podría él haberlo adivinado? Miro a Peter, quien le sonrió.

—Creí que podríamos leerlo juntos—Propuso él, ella sintió para abrir  el libro, y leer  el primer párrafo en voz alta.

En la hermosa Verona, donde colocamos nuestra escena, dos familias de igual nobleza, arrastradas por antiguos odios, se entregan a nuevas turbulencias, en que la sangre patricia mancha las patricias manos. De la raza fatal de estos dos enemigos vino al mundo, con hado funesto, una pareja amante, cuya infeliz, lastimosa ruina llevara también a la tumba las disensiones de sus parientes. El terrible episodio de su fatídico amor, la persistencia del encono de sus allegados al que sólo es capaz de poner término la extinción de su descendencia, va a ser durante las siguientes dos horas el asunto de nuestra representación. Si nos prestáis atento oído, lo que falte aquí tratará de suplirlo nuestro esfuerzo.

Valeria Pérez paro de leer para ver si él la escuchaba, el rubio tenía sus ojos cerrados como si estuviera comiendo un delicioso pastel, ella siguió leyendo la obra con una sonrisa.

**

Peter se estaba enamorando, podía sentirlo en la forma en la que la voz de Valeria lo calmaba. Como su voz incendiaba su pecho quemando todos los amores de su pasado, para plantar uno nuevo en su corazón.

Había dejado de prestar atención a lo que leía, y solo escuchaba el timbre de su voz, con cada párrafo que leía se acercaba cada vez más a ella, hasta que sus hombros se rozaban. Y cuando Valeria paro de leer y lo miro a los ojos, él elimino la distancia entre ambos con un beso.

Ella se quedó helada en el lugar en un primer momento, pero luego cerro sus ojos y amplio el beso. Rodeando su cuello con sus brazos, y él enredo sus manos en el cabello de la chica.

Era el beso perfecto, el primer beso de amor puro de Valeria, si se había besado con Peter antes pero sabía que nadie ni nada lograría superar el  contacto que compartían ahora. Quizás eran las palabras románticas de William Shakespeare que habrían logrado ese efecto, no importaba. Quedaría grabado en su corazón hasta el final de su vida.

Pero entonces un grito hizo que ambos se separaran, y Valeria se preguntó si todos sus besos con Peter serian interrumpidos con un beso, pero esta vez no era Franco quien gritaba, sino Julián. Bueno Franco estaba detrás de Julián, él siempre estaba presente en sus besos de una forma u otra.

—¡¿En serio elegirás a este rubio idiota?!—Preguntó Julián.

—Serás descarado—Empezó Valeria, alejándose de Peter para enfrentarse a Julián cara a cara—Vos dijiste que no querías nada conmigo.

—Quizás cambie de opinión—Admitió el moreno, y detrás de él,  Franco se tapó la cara.

—Es demasiado tarde, Julián, ya no sos mi chico perfecto—Luego de que la castaña dijera esto, Peter la tomo de la mano haciendo que dejara de mirar al moreno, y le hablo.

—Pagare la cuenta y podremos irnos de aquí—Ella le sonrió viendo cómo se alejaba hasta la barra donde todos los mozos estaban preparando las bandejas. Valeria Pérez se giró a mirar  los dos chicos que pretendan robar su corazón, y les hablo con dureza.

—No sé qué se les paso por la cabeza a ustedes para seguirme hasta aquí, pero están perdiendo su tiempo. Franco, nunca me gustaste, y tu Julián, la verdad es que mi corazón ya no te pertenece.

—¿Vamos?—Preguntó Peter que ya había regresado.

Ella enredo su mano con la del rubio, y la siguió hasta fuera de la librería.

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