Dear Daddy. Capítulo final: Versión B.

Dear Daddy.

Capítulo final: Versión B.

Happy with my daddy.

Morena lo guió hasta la sala de la casa y Juan Pablo se sentó en el sillón observando de reojo como ella cerraba las puertas de la sala para que Luna no los escuchara.

Finalmente ella se sentó delante del hombre.

—Dime de que quieres hablar— Pidió la mujer.

—Yo amo a su hija— Empezó el castaño.

—Oh, vamos, no me vengas con esa mierda. Cuando camino por la calle veo como los hombres como tú ven a Luna. Como si fuera un pedazo de carne, eso es lo que usted quiere. Llevarla a la cama, que  ya hizo, aprovechándose de lo romántica e inocente que ella es. Sé que esto para usted pasará, pero ella quedará marcada para siempre.

Juan Pablo ignoro lo que ella dijo cerrando sus ojos por un momento y siguió hablando.

— La amo en cuerpo y alma, al principio era atracción física, pero me enamore de como es, de su inocencia, de su picardía, de sus pucheros. De sus sueños, ella no quiere quedarse aquí, señora Camaro, prisionera de su amor. Ella quiere volar, y yo quiero volar con ella.

— Señor Adesto—Dijo Morena, mirando al hombre con seriedad—Leí el diario de mi hija, se todo lo que hay que saber sobre la relación entre ambos. Se perfectamente que usted en su mente enferma llega al orgasmo pensando que es una niñita indefensa de la cual usted es el padre. Ella busca en usted un padre, pero ya lo tuvo y no fue un buen hombre, está muerto. Y usted también morirá si no se sale de mi camino. Pero ese no es el punto. El punto es que, usted está enfermo ¿No considero eso? ¿Que pasara cuando ella crezca? Buscaras en otras mujeres lo que ella tiene ahora, juventud e inocencia. No la amas, amas su juventud.

—¿Quién es usted para decidir lo que su hija y yo sentimos? Ella sabe lo hace al enamorarse de mí, y yo sé que la amo honesta y decentemente. Luna ya es mayor de edad, es su decisión si quiere irse conmigo.

—¿Qué estas insinuando?—Preguntó Morena, nerviosa, mirándolo con los ojos bien abiertos.

Juan Pablo no respondió , simplemente salió de la sala y subió las escaleras de a dos escalones a la vez, hasta llegar a la habitación de su pequeña, quien como si pudiera sentir su presencia abrió la puerta y salto a sus brazos. El hombre la levanto y la llevo adentro de la habitación, con un brazo estirado cerró la puerta con seguro, y cuando estuvieron solos la beso con fuerza.

Cuando se separaron, él la bajo y puso sus manos en su rostro para que ella no tuviera otra opción más que mirarlo a los ojos.

—Escúchame, pequeña, ¿Quieres irte conmigo?

Luna sonrió antes de responder :—Sí, quiero— Ella elimino la distancia entre ambos de nuevo, besándolo castamente, para luego correr a su armario y sacar su maleta de uno de los estantes de arriba.

En silencio, ignorando los gritos de Morena desde afuera de la habitación, el  hombre la ayudo a juntar su mejor ropa y meterlas en la pequeña maleta. Que requirió que juan pablo se sentara sobre la misma  para que al fin se cerrara. Pero cuando llego el momento de salir de la habitación, y los gritos de Morena continuaban, Luna miro asustada a su pareja. Él estrecho su mano con fuerza, como si así pudiera darle algo de fortaleza.

El castaño tomo la maleta con una mano, le indico  a la pequeña que se pusiera detrás de él, ella se aferró a su saco, y Juan Pablo abrió la puerta. Morena estaba roja de furia pero al ver la maleta empalideció.

—Luna, por favor no me hagas esto—Pidió la mujer adulta entre lágrimas.

Juan pablo paso delante de ella con rapidez, Luna seguía agarrada de su saco, y evitaba mirar a su madre. Aunque parecía afectada por su ruego que seguía repitiéndose como un cassette roto. Cuando llegaron a la puerta Morena se plantó  al final de las escaleras y grito :—¡Si te vas no tendrás un hogar al que volver!

—Algún día me entenderás, mamá—Dijo Luna, girándose por primera vez al verla , unas lágrimas gruesas caían por sus mejillas. Pero fue ella la que abrió la puerta, el hombre se había quedado helado ante la amenaza de la madre. Y fue Luna la que tiro de la mano de Juan Pablo para que salieran de la casa.

Una vez fuera ambos corrieron hacia el auto descapotable del castaño, el guardo la maleta en la cajuela, y ayudo a su pequeña a que se sentara en el asiento de copiloto, asegurándose de abrochar el cinturón.

Una vez que se sentó frente al volante, miro con una sonrisa a Luna, quien había limpiado sus lágrimas, él se inclinó para besarla, y ella respondió el beso con la misma intensidad. Era un beso extraño, esta vez no se estaban despidiendo, prometiéndose verse pronto. Este era un beso dulce con sabor a promesa, de un futuro que era incierto pero era hermoso ya que estarían juntos.

Cuando se separaron él acaricio su cabello corriéndolo de su rostro, y beso su frente, para volver a su lugar y encender el auto.

Un año después.

No fue fácil, decir que lo fue sería una gran mentira. Luna Camaro había tenido que aprender a ser independiente, en una ciudad nueva donde nadie la conocía, donde solo Juan Pablo pudo conseguir trabajo fácilmente.

Luna Camaro consiguió trabajo al año como secretaria para un dentista,  le ayudaba a pagar sus gastos sin tener que pedirle a Juan Pablo dinero. Eso era lo importante. Y en el proceso había hecho un par de amistades, que venían a visitarla a su casa los fines de semana.

Con el pasar de los tiempos habían creado una rutina en la casa.

Preparaban el desayuno juntos, él la dejaba en el dentista y se iba a trabajar, ella tomaba el colectivo para volver a casa. Preparaba la comida, la mesa, y se vestía esperando el regreso de Juan pablo.  Cuando él llegaba lo recibía con un beso.

Cuando terminaban de comer juntos, lavaba los platos y seguía limpiando la casa mientras él estaba en su oficina. Cuando su novio salía de la oficina siempre la buscaba alrededor de la casa, la mayoría de las veces encontrándola en el jardín arreglando sus flores. Él la levantaba del suelo, llevándola en sus brazos hasta la habitación para hacer el amor.

Era la vida perfecta, la vida que ella había elegido.

En el fondo de su mente a veces podía escuchar a su madre diciéndole que podría haber estudiado una carrera, que podría haber sido alguien importante.

“Pero ella no entiende.” Pensaba ella mientras el castaño besaba su cuello. “No hay otra vida que hubiera querido vivir” Ella tomo el rostro del hombre y besos sus labios.

—Daddy—Murmuró ella contra su oreja, logrando que él la tomara con fuerza.

Cuando terminaron, Juan pablo preparo un baño de espuma en el que ambos se metieron,  él estaba lavando el cabello rubio, extremadamente largo de la muchacha mientras ella jugaba con las burbujas.

—¿Eres feliz?—Preguntó el hombre , abrazándola.

—Sí, ¿Y tú?—Respondió ella en el acto.

—Sí—Dijo él con una sonrisa, para besarla y luego continuar lavando el pelo de la chica.

Un calor se expandió por el pecho de la chica.

Sí, había tomado la decisión correcta.

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2 respuestas a “Dear Daddy. Capítulo final: Versión B.

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