Dear daddy : Capítulo tres.

Notas de la autora:

Esta novela contiene contenido ADULTO, una relación donde la diferencia de edad es de más de 16 años. Donde los personajes son oscuros y están buscando el momento para aprovecharse del otro. Si esto de alguna manera te incomoda o molesta, te ruego que no leas esta novela.

Luna Camaro tiene 19 años, Juan Pablo Adesto tiene 35.

AVISO: En este capítulo empieza el daddy kink.

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Dear daddy.

Capítulo tres.

“My daddy is my life.”

La primera vez que lo vio, Luna no podía creerlo. Allí apoyado contra su auto deportivo, anteojos de sol tapando sus ojos, cuerpo vestido de traje. Era una visión en medio de un desierto.

La chica bajo casi corriendo los escalones de la entrada de la facultad para saltar a sus brazos y besarlo con una pasión desmedida. Él respondió el abrazo apoyando sus enormes manos en la cola de la chica sosteniéndola con fuerza.

Cuando el beso termino ella se despegó un poco y limpio el lápiz de labios de la boca de él con una sonrisa. Él respondió la sonrisa y dijo :—Yo también estoy feliz de verte.

—Imposible, no sabes cuánto  te extrañaba—Dijo ella con un puchero.

—Cariño, quería verte antes pero estaba trabajando.

Ante la mención del trabajo ella desenredo sus piernas de la cintura del chico, separándose de él y  cruzo sus brazos contra su pecho . Ella lo miro a través de sus pestañas canela para decirle su verdad.

—¿Prefieres trabajar que estar conmigo?

—Prefiero estar contigo más que dormir, pequeña—Dijo él, deslizando sus anteojos de sol contra su cabello, permitiéndole a ella verle a los ojos. Ella vio que no mentía.

—Umm, no sé si creerte—Dijo ella apoyando sus dedos en su mentón en signo de que estaba considerándolo.

—¿Un beso te convencería?

—Sí—Murmuró ella. Él rio antes de atraerla de la cintura e eliminar la distancia entre ambos de nuevo. Fue un beso más casto comparado al anterior, era como conocerse de nuevo, descubrir la textura de los labios de otro. Él entro en la boca de ella con más delicadeza,  saboreo cada escondite de su boca. Cuando se separaron él guardo el sonrojo de las mejillas de ella en su corazón, prometiéndose nunca olvidar que Luna era una muñeca delicada que él tenía que proteger del mundo.

—¿Qué te parece si vamos a mi departamento?—Dijo él, ella asintió al instante y permitió que él la acompañara hasta el asiento de copiloto del auto convertible, que le abriera la puerta y la ayudara a sentarse. El chico cerró la puerta y corrió hacia su asiento saltando la puerta del auto. Se puso sus anteojos de sol de nuevo, y encendió el motor del auto.

Se había vuelto una rutina, el hombre saldría de trabajar, la buscaría de la facultad y la dejaría en su casa varias horas después, sana y salva pero con la sensación de que sus piernas estaban hechas de gelatina, ¿Porque?

Siempre pasaba lo mismo, hablaban todo el camino al departamento de Juan Pablo, Luna haciéndole reír con sus historias exageradas y él contándole  lo duro que era el trabajo, pero cuando subían al ascensor del edificio  ambos se miraban a los ojos con intensidad. Como definiendo quien iba a dominar al otro en todas esas horas que venían. Juan pablo siempre ganaba.

Besándola, atrapándola contra la pared de metal del ascensor, y cuando llegaban al piso él la levantaba en sus brazos y corriendo la encerraba en las sabanas de su cama. Pronto los cuerpos desnudos de ambos se enredaban en una eterna danza llena de amor pero también de  rosas con espinas.

Cada vez que mantenían relaciones descubrían cosas nuevas del otro, ella descubrió que le gustaba sentir el cuerpo de él tapando completamente de ella, el castaño descubrió que le gustaba sentir las uñas de ella clavándose en la espalda de él. Ambos descubrieron que había una palabra que parecía calentar todo a cien grados :Daddy.

No se trataba sobre que Juan Pablo fuera el padre de ella, ya lo habían hablado, no se trataba del incesto. Se trataba de que ella pudiera entregarse a él por completo, sabiendo que él la cuidaría sin que nada pudiera lastimarla.

Era hermoso para ambos entregarse así el uno al otro, y cuando dejaron claro que no se trataba de que ella buscara físicamente a un padre en él, se dejaron llevar por este nuevo fetiche que los desinhibía por completo.

Pero nada le dijo a Luna que su relación con Juan pablo traería consecuencias en sus amistades. Y es que dos meses pasaron donde Juan Pablo se volvió una rutina en su vida, y Rosalía quedo atrás en el fondo. Pero Luna no se dio cuenta de que esto había pasado hasta que ella se lo dijo.

—¿Mañana estarás toda la tarde con Juan pablo?—Preguntó Rosalía, cuando ambas estaban en la casa de ella  una noche de viernes.

—Sí—Respondió Luna con una sonrisa juguetona.

—No sé ni para que pregunto—Rosalía se levantó de su escritorio y se encerró de un portazo en el baño.

—Rosa, ¿Dime que pasa?—Exigió su amiga que había corrido hasta la puerta.

—Juan pablo es tu vida ahora, así que no hay lugar para mí—Respondió la morena desde adentro del baño.

—Deja de decir tonteras y sal de ahí.

Rosalía abrió la puerta del baño lentamente para luego salir ella de allí con los brazos cruzados. Su rostro estaba sombrío.

—Solo nos vimos en el colegio este mes, y hoy que prácticamente te rogué que vinieras.

—Perdóname, es que mi relación con Juan es muy nueva, y quiero verlo lo más que pueda—Admitió ella avergonzada.

—¿Por qué no hablamos después?—Dijo Rosalía para volver a encerrarse en el baño.

Luna rogo por media hora que ella saliera del baño, pero no tuvo otra opción más que irse.

**

—Creo que deberías hablar con ella—Opinó Juan Pablo el día siguiente, cuando estaban juntos en el departamento de él.

—Como si fuera tan fácil—Respondió Luna, rezongando contra el pecho de Juan pablo.

—Literalmente solo tienes que mandarle un mensaje.

Ella mordió su labio inferior pero se sentó en la cama y tomo su celular de la mesa de luz, y así empezó una serie de mensajes entre Rosalía y ella.

Luna:

Hola, ¿Cómo estás?

Rosalía:

Bien.

Luna:

¿Podemos hablar sobre lo que paso?

Rosalía:

Como quieras.

Luna:

Lamentó si no te preste suficiente atención en este tiempo, no me di cuenta, nunca fue mi intención lastimarte. Si me das una oportunidad de cambiar sé que puedo cambiar mis actitudes, y pasar más tiempo contigo. Porque amo cuando salimos juntas.

Rosalía:

En realidad no tienes que disculparte, es que sentí celos, tú estas empezando una nueva etapa y sentí que me había quedado atrás, ningún chico me presta atención y no tenía con quien hablar al respecto.

Luna:

¡Rosa, alguien aparecerá para ti! Eres una persona maravillosa, solo necesitas tiempo. Tengo que disculparme, tenías razón, yo no te estaba prestando atención, así que cuando quieras salimos 😊

Rosalía:

Hoy abrirá un club nuevo, podríamos ir ahí 😃

Luna:

¡Claro que sí, pásame la dirección y nos vemos ahí!

**

Juan Pablo estaba tratando de mantener la calma, no quería ser el típico novio celoso que no quería que su novia saliera a bailar, que se vistiera de cierta manera, porque no quería que otros hombres la desearan. Él nunca fue así, y no quería volverse esa persona.

Pero por algún motivo estaba en el club que ella le había nombrado antes , incluso había pagado la entrada, y comprado una bebida alcohólica que tenía un nombre extraño pero él estaba seguro que contenida demasiado vodka.

Trato de buscar paciencia en sí mismo, quedándose en la barra diciéndose a sí mismo que solo estaba revisando que nada malo pasara en el club que pudiera afectar a luna.

10 minutos.

20 minutos.

30 minutos.

Y entonces vio una pareja bailando enfrente de él, bueno en realidad a unos metros de él, pero lo que estaban haciendo realmente lo estaba afectando y no de una manera divertida.

La pareja en cuestión estaban bailando apretados uno contra el otro, y entonces se besaron apasionadamente, y el chico poso sus manos en el trasero de la chica acercándose más si eso era posible.

—Ok, tengo que encontrarla—Murmuró él tirando  en el proceso su bebida logrando que el barman se quejara, pero lo ignoro y se metió en medio de la multitud de personas que en su mayoría tenían  16 – 17 años.

No habían pasado ni cinco minutos en medio de la multitud cuando escucho la voz de su chica, y la de otra persona.

—Te dije que no.

—¿Cómo que no, cariño?

Entonces escucho un chillido y se giró para encontrar a Luna empujando a un chico de su edad lejos de ella, haciendo que la multitud alrededor de ellos se quejara. Juan Pablo no espero un segundo, con su mano hecha un puño lanzo un gancho contra el rostro del chico, tirando al suelo.

No paro de golpearlo hasta que Luna tiro de sus hombros separándolo del muchacho.

—¡Basta!—Gritó Luna.

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