Dear Daddy : Capítulo dos.

Notas de la autora:

Esta novela contiene contenido ADULTO, una relación donde la diferencia de edad es de más de 16 años. Donde los personajes son oscuros y están buscando el momento para aprovecharse del otro. Si esto de alguna manera te incomoda o molesta, te ruego que no leas esta novela.

Luna Camaro tiene 19 años, Juan Pablo Adesto tiene 35.

Dear Daddy.

Capítulo dos.

“Being one.”

—Sabes que eres preciosa, ¿No?

—Eres mi bella princesa, mi gema preciosa, que debo cuidar con mi alma.

        La voz acariciaba su oreja, mientras unos dedos se enredaban y desenredaban en su pelo. Luna no sabía quién era, pero estaba segura de que estaba en el lugar correcto, siendo protegida por esta persona que nunca la lastimaría o dejaría que la lastimaran ¿Qué más podría pedir en esta vida?

       Sonrió para si misma y se giró en la cama, abriendo los ojos para encontrarse con el feliz rostro de Juan Pablo Adesto, su cabello castaño revuelto y sus ojos azules brillaban con ternura. Ella estiro su mano  para rozar la mejilla de él, quien cerró sus ojos y se apoyó contra su mano aumentando el contacto.

—Mi ángel guardián—Murmuró ella, acercándose más hasta que las narices de ambos se tocaron.

—¿No me merezco un beso?—Preguntó él, sonriendo como el gato risón.

Ella rio como una niña para luego cerrar el espacio entre ambos.

Luna Camaro abrió los ojos, para sentir los cabellos de la tela felpuda de su peluche favorito pegados a sus labios. Rápidamente se sentó en la cama y pasó su mano por su boca, tirando los cabellos al suelo y su peluche en el proceso.

Se levantó de la cama, casi cayéndose al suelo porque sus pies estaban enredados con las sabanas, pateándolas se deshizo de ellas y camino hasta su escritorio. Sintiendo como el algodón de su camisola rozaba su piel pálida, se sentó frente a su escritorio y tomo su celular desconectándolo del cargador.

Tenía siete mensajes de Rosalía. Abrió el chat.

Rosalía:

¡Hola! BFF 😊

Rosalía:

¿Estas despierta?

Rosalía:

¡Despierta!

Rosalía:

¡Luna! ☹

Rosalía:

Estoy desayunando esperando que despiertes.

Rosalía:

¡Vamos, despierta!

Rosalía:

¡Despierta!

Luna:

Ya desperté! No hacían falta tantos mensajes.

Rosalía:

¡Es que me levante con la sensación de que sería un gran día! 😁

Luna:

¿Qué haremos de emocionante hoy?

Rosalía:

No sé, ¿Qué propones?

Entonces, el sueño de esta mañana vino a su mente, y una sonrisa cruzo su rostro junto a un sonrojo. Sabía que quería hacer hoy.

Luna:

Rosa, tengo una pregunta.

Rosalía:

Okay…Dispara  😲

Luna:

¿A dónde van a tomar café los que trabajan en la empresa de tu padre?

Rosalía:

Oh, van a Jojo’s café.

***

Todo en este mundo tiene una explicación, Juan Pablo Adesto sabio porque sentía atracción hacia esa chica. Cuando pensaba en una respuesta su mente lo llevaba a su padre y a la voz de su madre gritándole porque su padre se había ido de casa.

—¡Se fue con esa niña! ¡A penas tiene Veintiséis años!

De alguna forma retorcida su cerebro quería explorar los motivos por los que su padre había dejado a su madre. Sabía que estaba enfermo, pero no podía importarle en lo más mínimo. No cuando había encontrado a un ángel.

Juan Pablo quería creer que no se estaba obsesionando, pero podía escuchar la voz de su psicólogo diciéndole exactamente eso. Estaba obsesionado.

Había empezado a verla en su departamento, caminando por los pasillos con sus vestidos rosas, su cabello rubio bailando en su espalda, sus ojos azules mirándolo con picardía.

Incluso podía imaginar lo que le diría.

Cuando estaba en su Macbook trabajando, podía imaginarla sentándose en el escritorio, suspirando aburrida y diciendo:—¿En serio tienes que trabajar?

           Podía imaginarse a sí mismo  levantándose de su silla y rodeando el escritorio para callarla con un beso, y luego levantarla de la cintura, ella inmediatamente rodearía el cuerpo de él con sus piernas.

        Pero todo era una fantasía, y pronto él pestañeaba para encontrarse solo en su oficina. Era una tortura, saber que había encontrado a la chica perfecta, y que no podría tenerla por más que quisiera.

¿Cuántos años tenía ella?

Dieciséis, ¿Quizás diecisiete?

Estaba seguro que era ilegal siquiera sugerir que esa relación podría suceder. Así que se obligó a seguir trabajando, a perderse en números y estadísticas, en lugares donde ella no podría encontrarle.

Pero no esperaba encontrarle en Jojo’s café, nunca había visto chicos jóvenes en este café, solo personas de  treinta para arriba. Disimulo un poco cuando la vio entrar con su amiga, siguió escribiendo en su computadora, obligando que sus ojos se mantuvieran pegados en la pantalla.

Pero cuando ella camino hasta el mostrador, él no pudo evitar girarse para mirarla. Con otro vestido, en este caso celeste, un vestido pin up, que marcaba su cuerpo en todas las formas correctas. Cuando ella termino de hablar con la empleada él volvió a girarse tosiendo.

Las chicas se sentaron en una mesa a unos cuantos metros delante de él. Pero él no podía evitar levantar su mirada de la pantalla para verla. Luego de unos minutos la amiga de la chica se levantó y fue al baño.

Casi hipnotizado por la presencia de la chica él se levantó de su asiento  y se sentó frente a ella, ella le sonrió al velo, mostrando unos dientes perlados y unos labios pintadas de rosa chicle.

—Hola, soy Juan Pablo Adesto—Dijo él , extendió su mano, ella miro su mano , luego sus ojos y finalmente estrecho la mano del chico.

En el momento en que sus manos se tocaron, él sintió electricidad recorrer su cuerpo, quería mantener ese contacto eternamente, pero luego de unos segundos ella alejo su mano.

—Luna Camaro—Se presentó ella.

“Luna Camaro.”

“Luna Camaro”

El nombre de la chica reboto dentro de la cabeza de él, y sonrió para sí mismo por el nombre tan angelical de la chica.

Lo que siguió después fue una larga conversación llena de introducciones a la vida del otro, solo interrumpida cuando la moza les dejo las bebidas de ambos, y cuando él trajo su computadora a la mesa de ella. Juan Pablo se relajó cuando ella le dijo que tenía diecinueve años. Salir con ella seria legal, pero eso no cambiaba la diferencia de edad de dieciséis años. Su brújula moral le decía que estaba mal, pero su mente le decía que  seguir hablando con ella no tenía nada malo.

Juan noto por el rabillo del ojo que la amiga de Luna al verlos se sentó unas mesas atrás de ella con una sonrisa de oreja a oreja. Curioso clavo sus ojos en los de Luna antes de hablar.

—¿Planeaste este encuentro?

—Puede ser—Respondió ella sonrojada.

—Está bien, yo tenía muchas ganas de verte—Respondió él mostrándole una encantadora sonrisa. Para luego tomar un sorbo de su café, lo cual fue una mala idea porque lo que dijo ella después le hizo escupir su café.

—¿Solo eso tenías ganas?—Ella lo miraba debajo de sus largas pestañas  color caramelo.

Él escupió su café,  y ella rio limpiando las manchitas de café con una servilleta. Pero no dejo de verlo  con una sonrisa seductora.

—¿Y cuál es tu respuesta?—Insistió ella acercándose a él, y extendiendo sus manos sobre la mesa para tocar las de él.

—Cariño, creo que no entiendes con quién estás hablando, tengo treinta y cinco años.

—¿A ti te importa?—Preguntó ella sonriendo más ampliamente, como si ya supiera la respuesta.

—No, pero…

—A mí tampoco—Dijo ella para luego reír y acomodarse de nuevo en su asiento haciendo que su vestido saltara.

—Entonces es un trato—Dijo él para luego apoyarse con su asiento, jugando con su corbata. En el proceso.

—¿Luna? Creo que deberíamos irnos—Dijo Rosalía que se había acercado a la mesa.

Ella miro a  su amiga con tristeza, y luego a Juan Pablo, buscando que alguien tomara una decision por ella.

—Yo te llevare a casa, ¿Qué te parece?—Ofreció él con una sonrisa.

Rosalía no parecía muy convencida pero inmediatamente Luna asintió.

Luego de unos minutos, Luna se había subido a su auto y puesto el cinturón de seguridad  mientras él encendía el auto. A penas salieron del estacionamiento de Jojo’s café, ella otra vez lo sorprendió con sus palabras.

—No me llevaras a casa ¿Verdad?

—No—Respondió el simplemente,  y ella respondió  apoyando su mano sobre la de él que estaba en la palanca de cambio. Fue un contacto corto pero fue suficiente para él, para tranquilizarse sobre si esto estaba bien o no.

Lo que paso luego fue como un sueño, demasiado perfecto para ser real, pero demasiado vivido para que él no creyera que sucedió. Piernas largas y blancas contrastando con sus sabanas rojas de seda. Manos pequeñas y delicadas que se paseaban por su espalda dejando una línea de calor que nunca había sentido en su vida cuando se encontraba con sus amantes. Puertas cerradas con llave, que se abrían solo para que él entrara. Risas que terminaban en besos, besos que terminaban en suspiros. Ojos azules que lo miraban con adoración y picardía, que luego se volvían hacia atrás y se cerraban dejándolo sin luz en su corazón.

Era caminar por el cielo sabiendo que el infierno estaba un paso atrás tuyo. Pero eso ya no importaba para él, ella estaba en sus brazos durmiendo pacíficamente, y Juan Pablo  la abrazaba con fuerza, besaba su frente y se perdía en el olor a rosas que desprendía su cabello.

Había puesto una marca en el cuerpo de porcelana de la chica, ahora no tenía pensado dejarla ir. Aunque le costara su propia vida.

Si disfrutaste el capítulo por favor comenta y vota.

2 respuestas a “Dear Daddy : Capítulo dos.

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