Writing about you :Capítulo cuatro.

Además de Renata había otra persona que Valeria odiaba, más bien no era odio, si no repulsión. Franco Fabrido. Alto, castaño, ojos verdes, rostro lleno de lunares y pecas. Cuerpo atlético, pero demasiado, era un gigante ¿Por qué lo odiaba? Ambos habían ido juntos a la misma escuela, y el recuerdo de lo que él le hizo hacia que la chica se retorciera cada día al menos una vez. No era dolor, era resentimiento.

        Era marzo, el calor no había abandonado la pequeña ciudad llamada “Pequeños ángeles”, así que Valeria había decidido usar un bello vestido azul  floreado, y unas sandalias marrones.

        Estaba sacando sus libros de su mochila al principio de la clase de  matemáticas, pero entonces alguien se sentó a su lado, era Franco Fabrido. El chico del que todos hablaban, ya fuera por buenos o malos motivos, la chica trago en seco y  evito mirarlo a los ojos.

—Hola, Vale, quería preguntarte algo antes de que la clase empezara.

—C-claro.

—¿Quieres que nos encontremos después de clase debajo de las gradas?

—E-está bien—Respondió la chica sintiendo como su rostro se sonrojaba.

         Solo había un motivo para que te invitaran a ir  debajo de las gradas : A)Beso B)Sexo o c)Drogas. Valeria esperaba que fuera por A o C. En el caso de C podría darle su lápiz de labios y salir corriendo.

Antes de que la clase empezara, Franco se cambió de lugar no sin antes mostrarle una encantadora sonrisa.

          El resto de las clases Valeria  se la paso nerviosa en su lugar, tratando de distraerse con sus apuntes. Pero todo le hacía recordar que después de clases ella tendría que enfrentarse a franco y no se sentía lista.

       Pero la temida hora llego, y ella camino como una vaca al matadero por los pasillos, hasta que llego al enorme patio del colegio. Camino mirando a todos lados esperando ver a franco, pero no lo vio hasta que llegó hasta las gradas.

El chico parecía algo nervioso, miraba hacia arriba y hacia los lados, pero en cuanto la vio él sonrió y se acercó para besar su mejilla.

—¿Cómo estás?—Pregunto él.

—M-Muy bien—Respondió ella tomando  una de las correas de su mochila tratando de distraerse.

—Genial, solo quería decirte que eres muy hermosa, y me tomo bastante tiempo tomar el coraje para hacerlo—Dijo él mirando el suelo  su rostro tomando un tierno sonrojo.

—G-racias T-u T-también eres muy gua—La chica iba a terminar la oración, pero entonces  algo pegajoso, pesado y oloroso cayó sobre ella, cuando la chica iba a mirar hacia arriba tratando de ver que era , una cubeta golpeo su cabeza haciendo que  cayera al suelo.

Antes de perder el conocimiento, vio a dos chicas sentadas arriba en las gradas , porristas, riendo mientras chocaban las manos festejando.

Este recuerdo hizo que  el corazón de  la chica se estrujara, Valeria había tenido la suerte de no haber sufrido bullying extremo todo el secundario. En  su último año de secundaria los populares habían hecho ese plan para hacerla sentir mal. Pero ese no fue el fin de la historia, nunca nada termina, las personas están conectadas por hilos y hay algunas personas que están destinadas a cruzarse una y otra vez, sin importar cuanto estires el hilo.

El sonido de alguien tocando la puerta de su departamento la obligo a salir de su mente. Se levantó del sillón, apagando la tele en el proceso, corrió hacia la puerta sacando el seguro y abriendo la misma lentamente, en cuanto se encontró con el rostro de Franco Fabrido intento cerrar la puerta pero él puso su pie en el medio.

—¿Qué quieres?—Preguntó ella abriendo la puerta, como siempre evitando mirarlo a los ojos.

—Solo vine por sal—Dijo él sacando de detrás de su espalda un salero.

Valeria  suspiro tratando de controlar su furia, oh, ¿No entiendes nada? Después de que Valeria termino la facultad se mudó a un pequeño departamento, al final de la primera semana fue a buscar sus cartas y se dio cuenta que uno de sus vecinos era Franco Fabrido.

Un encuentro horrífico sucedía todas las semanas, él iba a su departamento con la misma pregunta ¿Tienes sal? Ella siempre le cerraba la puerta en la cara, pero esta vez ella se resistió de lastimarle el pie.

—Hay otras  personas viviendo en este edificio, estoy segura que encontraras a alguien con sal.

—Oh , vamos ,Vale, no puedes odiarme por siempre. Fue simplemente una broma de secundaria.

—Que ellas y tú planearon, termine en la enfermería, tuve que cortarme el pelo.

—No ,no, ellas escucharon nuestra conversación y fueron allí , yo no tuve nada que ver.

Valeria trato de leer su rostro, sus ojos verdes, esperando encontrar una pizca de malicia pero al no encontrarla termino de abrir la puerta invitándolo a pasar.

Grave error.

Franco dejo caer el salero de plástico al suelo y empujó la chica contra la pared más próxima, atrapando las manos de ella  y poniéndolas sobre su cabeza.

—¿Pero qué mierda? ¡Aléjate!—Chilló ella,  pateándolo, pero él evitó cada golpe con una sonrisa.

—Hace meses que espero que me des una oportunidad y no voy a desperdiciarla.

—¿Oportunidad? ¿De qué hablas?

—Lo que dije es cierto, siempre me gustaste, vale.

—Pues yo te encuentro repulsivo—Dijo ella entre risas, al fin logrando soltar sus manos, en cuanto noto que el agarre se soltó un poco, y lo empujo lejos de ella. La chica camino hacia la puerta e hizo un gesto con la mano para que él se fuera.

—Pero cariño, estábamos llegando a conocernos—Se quejó él con un puchero.

—Toma tu salero y vete de aquí, idiota.

—Está bien—Dijo él, para agacharse y tomar su salero, pero cuando estaba a punto de cruzar la puerta , en un movimiento rápido tomo del cuello a la chica y unió los labios de ambos un segundo, fue solo eso, un roce para luego salir corriendo por los pasillos del edificio.

—¡Te odio!—Grito la chica, haciendo que varios vecinos salieran a ver qué pasaba.

—¡¿Qué miran?!—Gritó ella, entrando al departamento y cerrando la puerta de un portazo detrás de ella.

Noto que su celular estaba disparando una luz roja, señalando que había recibido un mensaje. Dio un par de zancadas hasta llegar a la mesa y desbloqueo su celular para ver que era un mensaje de Peter.

Peter:

Hola, cariño.

Inmediatamente ella respondió.

Valeria:

¿Cariño?

Peter:

Creí que nuestra relación había avanzado…

Valeria:

Puede ser, pero no estoy acostumbrada a que me llamen así.

Peter:

Acostúmbrate, cariño, ¿O tienes otro nombre mejor en mente?

Peter:

¿Caramelo?

Peter:

¿Preciosa?

Peter:

¿Princesa?

Valeria:

Basta, basta, me da igual cómo me llames.

Peter:

Creo que te llamare princesa.

Valeria:

Okay👀

Peter:

Princesa, me gustaría llevarte a tomar un café,  ¿Qué te parece?

Valeria mordió su labio inferior, mirando la pantalla de su celular y luego la puerta de su departamento. La memoria de los labios de Franco fresca en su mente, atormentándola, necesitaba borrarlo de su mente.

Valeria:

Claro, ¿Qué día puedes?

Peter escribía y escribía, sin mandar un mensaje. Poniéndola más nerviosa ¿Acaso se había arrepentido? Valeria no encontraba ningún motivo para que él estuviera interesado en ella románticamente. Asustada de que este se arrepintiera, corrió por el departamento hasta llegar a su oficina, la computadora ya estaba encendida, se sentó frente a ella y escribió apresuradamente.

Peter Oro envio el siguiente mensaje a Valeria:

Peter:

Cuando quieras, princesa.

Inmediatamente un ¡Ping! Sonó, ella desbloqueo el teléfono y allí se encontraba el mismo mensaje que había escrito en Word. Ella respondió en el acto.

Valeria:

¿Mañana a las 6 pm? Podemos ir juntos desde el trabajo, a un café que está cerca de allí, es muy bueno.

Peter:

Lo que mi princesa ordene👸

Valeria cerró el chat, y abrió el de su mejor amigo y ella. Y escribió el siguiente mensaje.

Valeria:

VEN A MI DEPARTAMENTO, AHORA.

Gustavo:

Estaba en la mejor parte de una peli porno.

Valeria:

SACA TU MANO DE TU PENE Y VENTE AHORA.

Gustavo:

Estaba a punto de “Venirme” 😉

Valeria:

Dios mío, no sé porque somos amigos.

Luego de unos minutos su amigo respondió.

Gustavo:

Porque ya me subí los pantalones y estoy en el auto.

Valeria:

Te amo.

Veinte minutos después el timbre de su departamento sonó  y ella abrió la puerta para lanzarse a los brazos de su amigo, quien beso su frente y acaricio su espalda.

—Tranquila, dime que sucede—Pidió él, entrando al departamento y llevando de la mano a su amiga al sillón de la sala.

—No me siento cómoda  usando esta magia, o como quieras llamarle, a mi beneficio.

—¿Qué hiciste?

—Él no concretaba una fecha para nuestra cita, quizás se arrepintió, y yo lo obligue a decidir.

—Amiga, si yo fuera tú, ya me habría acostado con él y armado mi propio kamasutra. No tienes nada de que sentirte culpable.

—Oh, Gustavo, no es momento de bromas—Dijo ella, parándose del asiento y caminando como un león enjaulado por la sala.

—¿Quién dice que estoy bromeando?

Ella sollozo y se dejó caer al suelo, luego de rodar sus ojos su amigo se levantó del sillón , y se arrodillo junto a ella, para tomarla de las manos y mirarla con dulzura.

—¿Volverás a escribir lo que él hará?

—No—Respondió ella, mirándolo entre lágrimas.

—Entonces iras mañana a esa cita y dejaras que todo fluya como debe ser. No te tortures más con cosas que no puedes cambiar, ¿Esta claro?

—Okay—Respondió ella, su amigo limpio sus lágrimas y la abrazo.

Todo estaba decidido.

Si disfrutaste el capítulo por favor comenta y dale like.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s