Dear Daddy : Capítulo uno “Meeting my Daddy.”

Luna Camaro tiene 19 años, Juan Pablo Adesto tiene 35. 

El columpio se mecía sosteniendo el frágil y pálido cuerpo de Luna Camaro .Su cadera ancha y sus piernas largas como enredaderas se movían haciendo que el columpio llegara lo más alto posible. Su cabello rubio nadaba en el aire, tapando cada vez que se mecía para atrás sus ojos azules con puntos marrones a juego con su rostro pecoso.

Morena Camaro, su madre,  le había dicho que tenía que disfrutar sus últimos días como adolescente mimada y la ahora casi mujer estaba haciendo justamente eso.

Balanceándose sobre el aire como un hada, su vestido rosa tenia  volados, patrones de cerezas y moños. Que estaba ensuciándose con las hojas de los árboles que caían sobre ella  cada vez que el columpio llegaba al cielo. Sus labios pintados de rojo cantaban una canción  afinando como su madre le había enseñado de niña.

Luna lunita.

Da dos pasos hacia mí.

Luna lunita.

Lu-na.

Lu-na.

Dame un beso.

Luna lunita.

Da dos pasos.

Dame un beso.

Be-so.

Be-so.

Paro de cantar cuando  vio a su amiga  saltar la cerca del patio, casi rompiendo sus jeans en el proceso  y correr hacia ella.

—Rosalía—Dijo Luna con una sonrisa, para abrazar a su amiga morena que respondió el abrazo levantando  a  la rubia y girando en el lugar haciendo que esta riera como una niñita.

—¿Estas lista para ir a la empresa? Mi papá nos está esperando afuera— Dijo Rosalía cuando ambas se separaron, enredando su brazo con el de la rubia.

—Sí, solo déjame despedirme de mamá.

—¡MAMÁ!

—¡¿Qué?!—Gritó la mujer desde adentro de la casa.

—¡ME VOY CON ROSA!

—¡Okay, pórtate bien!

—Vamos—Luna  tiro del brazo de su amiga llevándola hasta la puerta del patio y  salir hacia el  garaje donde el padre de Rosa los esperaba en su auto BMW.

Una vez dentro del auto, con una sonrisita la rubia se inclinó sobre el asiento de conductor donde estaba el hombre y beso su mejilla para luego decir:—Hola, señor Tremino.

—Hola,  pequeña—Respondió el hombre, disimuladamente limpiando la mancha de los labios de la muchacha, mirando por el espejo retrovisor a su hija que miraba a través de la ventana como si el comportamiento de su amiga no le molestara en lo más mínimo, cosa que él agradecía— ¿Están listas para el mundo adulto?

—Sí—Respondió Rosalía, mirando a su padre con orgullo a través del espejo.

Luna no respondió, solo sonrió, para luego jugar con uno de los moños de su vestido.

***

Luna había aprendido con el pasar de los años, y después de muchas conversaciones con Rosalía, quien se quejaba de su padre, que este era dueño de una empresa automovilística. Ellos diseñaban los autos,  distribuían los diseños en fábricas y vendían los autos en distintos locales. Eran más que exitosos, eran la  única razón por la que  turistas venían a la ciudad Libertades. Para ver la gran empresa de autos que había empezado pequeña pero que ahora distribuía a todos los continentes.

—Y tú tendrás una oportunidad de trabajar ahí, no lo arruines—Advirtió su madre la noche anterior.

Luna Camaro resoplo ante el simple recuerdo, no quería pasar el resto de su vida preparando cafés para otras personas.  Pero Rosalía le había prometido que ambas escalarían hasta ocupar el lugar del señor Tremino. Y solo quedaba creerle.

La rubia estaba a punto de dormirse cuando el auto paro y  ambas tuvieron que bajarse, la chica miro  hacia arriba con sus enormes ojos azules, el edificio parecía interminable, los vidrios brillaban gracias al sol pero  no se podía ver lo que pasaba adentro.

—Vamos, amiga—Dijo Rosalía que ya había subido las  escaleras hacia la entrada del lugar.

La chica corrió hacia la entrada haciendo que los vuelos de su vestido saltaran y sus moños se movieran de un lado a otro.  Sus ojos seguían mirando todo a su alrededor tomando todo y endulzando su mente con todos los lujos, había  pilares de mármol, computadoras último modelo, las secretarias  parecían  vestir ropas Dior.

—Ustedes se vestirán igual, pequeñas—Comentó su padre con una sonrisa orgullosa.

Subieron a un ascensor dorado que parecía subir interminablemente,  ¿Realmente hay 30 pisos? Pensó la rubia tomando la mano de su amiga quien rio al verla nerviosa. Luego de unos segundos el ascensor paro y las puertas se abrieron a una enorme oficina, el piso alfombrado de azul, pero no era una tela normal, cuando las zapatillas converse de la chica tocaron la tela pensó que iba a resbalarse. Todos los empleados  vestían trajes azules, grises o negros. Entonces entendió porque su amiga se había puesto unos jeans con una remera blanca, de repente el vestido blanco con cerezas de Luna parecía fuera de lugar e inapropiado para una reunión, pero Rosalía le había dicho que solo se pasarían por la oficina mientras todos estaban en una reunión general, no que estarían todos allí.

—Por aquí—Dijo el señor Tremino  poniéndose delante de ellas y caminando hacia la oficina principal que tenía una pared de vidrio haciendo que todo lo que estaba adentro fuera visible. Ambas entraron ignorando las miradas curiosas de los trabajadores.

El adulto se sentó en su silla de cuero y parecía estar a punto de decir algo pero entonces el teléfono en su escritorio sonó, y una luz roja del mismo empezó  a parpadear. Aparentemente molesto  el hombre se disculpó y tomo el teléfono, para escuchar unos segundos y luego decir bueno ya voy.

—Espérenme aquí—Ordenó él para luego salir de su oficina.

Rosalía se quedó en su lugar, pero la rubia se levantó y se sentó en el lugar que antes el señor Tremino había ocupado, levantando sus piernas y apoyándolas en el escritorio, sus zapatillas manchando las carpetas que estaban allí. Tomo el teléfono y forzó su voz a que sonara grave.

—Grace, tráeme un café y un pico dulce (1), ¡Ahora! ¡Chop- chop!

—Okay, señor Tremino—Respondió una voz suave y dulce.

Luna rio y cortó la llamada estampando el teléfono entre risas, Rosalía tapo su boca riendo sin poder creer lo que acababa de suceder. Pero pararon cuando la joven secretaria entro con una bandeja que contenía justo lo que ella había pedido, la mujer busco al señor Tremino  con los ojos pero no hizo nada al no encontrarlo solo salió de la oficina despidiéndose de ambas adolescentes con un asentimiento de cabeza.

Ambas rieron a carcajadas cuando la mujer estuvo lejos,  y Luna tapo su cara con la falda de su vestido. Pero la puerta de vidrio volvió a abrirse, con la voz de alguien diciendo :—Señor Tremino, tengo el informe que me pidió.

Inmediatamente la rubia bajo su falda y Rosalía se atraganto tosiendo gravemente y evitando la mirada del hombre.

Era un hombre  alto de hombros anchos, cabello negro corto con algunas líneas grises en la parte de delante de su cabeza, ojos celestes casi grises, un rostro simplemente hermoso, parecía haber sido pintada por Botticelli, una cara de ensueño , nariz perfectamente imperfecta, porque no era respingada había una pequeña montaña en la misma, labios finos rodeados por una barba de dos días. Como si hubiera estado trabajando toda una noche. El hombre sonrió haciendo que en su frente y alrededor de sus ojos de océano se crearan líneas.

—Solo voy a dejar esto aquí—Y mierda si la voz del desconocido no hizo que un rayo recorriera la espalda de la jovencita. Él se acercó al escritorio y levanto las piernas de ella suavemente haciendo que el calor del contacto fuera directamente a todos los lugares escondidos del cuerpo de ella. Y puso la carpeta debajo para luego volver a dejar las piernas donde estaban y mover su dedo pulgar en una pequeña caricia por las pantorrillas ,de la chica , pero así como el contacto sucedió este se escapó del alcance de la chica y el hombre se giró para salir de la oficina.

—Bueno, eso fue incomodo—Dijo Rosalía con una sonrisa, ella se había girado para ver al hombre perderse entre los empleados de la oficina.

—¿Quién es él?—Preguntó Luna Camaro mirando el lugar donde las manos del hombre habían tocado su piel ,dejando una marca inconsciente en el corazón de la chica.

—Ese es Juan Pablo Adesto, mi padre dice que ese hombre está haciendo todo lo posible para quitarle su lugar en la empresa, es realmente molesto y odioso. En algún momento se cansara y se ira de la empresa supongo. Porque mi padre está preparándome para tomar su lugar.

Luna había dejado de escucharla, había levantado sus piernas del escritorio y caminado hasta la puerta para poner sus manos en la misma buscando entre la multitud a Juan Pablo, mientras murmuraba.

—Juan Pablo, Juan Pablo, Juan Pablo—El nombre recorría su boca como un beso profundo y lleno de deseo. O un caramelo que pones en tu boca de niño por primera vez y te da ganas de meter tu mano en la bolsa para sacar más y meterlos en tu boca.

—Luna—Empezó Rosalía, mirando a su amiga con sorpresa—Ese idiota tiene casi  cuarenta años.

—Tenemos diecinueve años.

—Podría ser tu papá.

—Chicle (2)—Advirtió la rubia girándose a ver a su amiga molesta.

—Está bien, no hacía falta que usaras la palabra de alarma.

—Tú fuiste la que lo nombro.

—Perdóname, no fue mi intención lastimarte—Dijo  la castaña levantándose de la silla corriendo a abrazar a su amiga, quien respondió el abrazo.

Mientras abrazaba a su amiga, miro a su izquierda, encontrando a Juan Pablo hablando con uno de sus compañeros, pero luego de unos segundos él despego la vista de su compañero y sus miradas se encontraron.

Fue un encuentro de miradas casi explosivo, que  hizo que mariposas nacieran y murieran  en su estómago ; que su garganta se llenara de arena, y solo pudiera murmurar su nombre, Juan pablo.

“Voy a perder mi virginidad con ese hombre.” Pensó la chica,  para luego sonreír mostrando sus blancos dientes.

Si disfrutaste el primer capítulo por favor comenta y denle like.

Notas:

  • Pico dulce : Es un chupetín que venden en Argentina.
  • Chicle : Luna y Rosalía tienen una palabra de seguridad, cuando alguna de ellas cruza el limite la otra dice esa palabra. Para que la conversación pare y puedan hablar de lo que la lastimo.

 

2 respuestas a “Dear Daddy : Capítulo uno “Meeting my Daddy.”

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